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(1881-1956)
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De nuevo Ignacio Gutiérrez Zaldívar
nos regala el placer de contemplar la obra de Jacques Witjens, el
artista neerlandés, que en 35 años de vida en Argentina
nos dejó una colección de paisajes que nos hacen ver
nuestra tierra en toda su belleza.
Su paleta de grises europeos se llenó de sol y color americanos
que lo cautivaron al llegar en viaje de luna de miel, he hizo que
adoptara nuestros cielos y bajo ellos formó su familia, a la
cual me integré al casarme con Rolando, su hijo mayor. Su mujer
era "Genie" una alemana nacida en Düsseldorf, a quie
conoció cuando ambos estudiaban con el mismo profesor de música
en Holanda, ella era muy buena violoncelista, y él un notable
flautista. Su familia era católica, el padre e Jacques había
sido miembro de la Guardia Suiza del Papa, en cambio la de su mujer
era protestante.
Se casaron el 23 de Junio de 1920 y vienen a Argentina en noviembre
porque la hermana de "Genie" estaba casada con un diplomático
argentino, Belisario Montero, y vivían en una preciosa casa
en el Tigre que había sido del |
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Junio - Agosto de 2001
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Ministro Wilde. Se instalan en dicha ciudad durante
veinte años, luego se mudan a Belgrano, a la calle Volta, a
una casa de estilo tudor que era una continuación de su amada
Holanda, con su penumbra tan cálida como su dueño, allí
viven diez años. Cuando Witjens no pintaba al aire libre, lo
hacía en su atelier en plena city porteña, en Sarmiento
entre San Martín y Florida, siempre acompañado por su
música preferida: Mozart, Beethoven, y Haydn. Me parece redundante
hacer aquí una lista de los maestros que frecuentó en
Europa. Basta decir que fueron los mejores, y si bien en Argentina
desplegó toda su potencia artística, la nostalgia de
aquella tierra que dejó, se tradujo en obras que nos llenan
de emoción, en cada una nos sentimos dentro de ellas, gozando
en campos de tulipanes, en pacíficos molinos, en granjas y
bosques.
La serenidad de su pintura es un canto de alabanza a su creador que
lo colmó de dones.
La mano que pudo plasmar aquello que nos regocija también fue
profundamente generosa con los amigos que no pasaban por buenos momentos
económicos, pues la amistad tuvo en su vida importancia vital.
Sea este mi homenaje de afecto al hombre y al artista que aprendí
a querer y admirar.
Nacho Gutiérrez Zaldívar tiene este gran amor por Witjens
que lo ha llevado a exhibir más de dos centenares de obras
en Zurbarán durante 17 años, y eso es así, porque
el primer cuadro que compraron los padres de Nacho cuando se casaron
fue un campo de tulipanes pintado por mi suegro, y desde niño
vivía contemplando la creación de él.
María del Rosario de Cires de Witjens
Junio de 2001 |
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