Raúl Soldi
Expo. Nº 126 Agosto de 2000.
Obras en exposición
Dibujos
El inefable Eduardo González Lanuza recogió en 1970, con motivo de una exposición en Atica el pensamiento de Raúl Soldi con respecto al dibujo:
"El papel tiene que ser "Fabiano", pues su recia contextura es de las pocas capaces de soportar las repetidas injurias de corrección tras corrección, iniciadas por la casi acariciadora miga de pan, pronto sustituida por la goma de borrar, hasta decidirse al heroico y último recurso de frotar lo equivocado con la lija de los huesos de sepia apartados de su común destino de piedra de afilar el pico de los canarios. Porque la primera regla establecida en la rigurosa Academia de Brera impone la prohibición absoluta del cambio de papel una vez iniciado el ejercicio por el alumno, por más maltratado que llegue a estar como consecuencia de las sucesivas enmiendas. Nada de ensayos al margen, el dibujo debe terminarse en la misma superficie donde se empezó.
Esta medida, en apariencia arbitraria, no deja de tener su sentido, pues el bisoño diseñador tiene que aprender desde el comienzo la responsabilidad implícita en el menor de sus trazos. Ningún error queda impune, y la borratina crecientemente fatigosa en cada corrección y el riesgo de perder sin remedio el ejercicio, pesa sobre su ánimo para tratar de reducirlos al mínimo.
El trabajo se descuenta difícil hasta el punto en que la labor de todo un año con severísimos horarios, se reduce a cuatro dibujos: dos copias de yesos y dos desnudos del natural. La sensibilidad artística es prescindible, lo que allí se exige es un sometimiento implacable a las minuciosas normas de una mecánica imitativa. Nada de interpretaciones personales y por lo tanto aproximativas, el desiderátum es la glacial equivalencia de una imagen espectacular.
   
Técnica de precisión, sin posibles concesiones, como la de un tornero, por ejemplo. Al cabo de dos años de este ejercicio la sola vista de un lápiz provoca naúseas a los él sometidos, si no están provistos de una vocación que luego les permita utilizar la destreza así adquirida para poder transferirla su inconsciente y prescindir de ella en su proceso creador."Treinta años han transcurrido desde que el maestro Soldi recordara aquellas experiencias agridulces de sus tiempos en Milán. Duras disciplinas y estrictas exigencias que lo condenaron incluso a repetir el primer año, pero que dieron sus frutos que hoy tenemos el orgullo de presentar.
Esta exposición no solamente tien por objeto rendir, una vez más homenaje al maestro de Glew, sino que además viene a hacer culto(al igual que las muestras recientes de Carlos Alonso y Leopoldo Presas) a ese género de las artes plásticas, muchas veces desvalorizado que es el dibujo.
Una vez más, como tres años atrás, cuando celebramos la primera década de Colección Alvear, con otra esposición de nuestro querido Soldi, Karavell se quiso asociar a este homenaje, posibilitándonos poner en sus manos este catálogo en que se encuentran reproducidas las treinta obras (múltiplo de tres como quería el Maestro) que componen esta muestra.

Carlos María Pinasco
Julio 2000
 


La Blusa Blanca


Los Dos Sombreros