Norberto Russo
Expo. Nº 403 Junio de 2000
Obras en exposición
Cuando Norberto Russo nace en 1934, nada hacía presumir su vocación artística. A los 18 años egresa como profesor de dibujo y años después como profesor de pintura. Recién a los 31 años participa por primera vez en una exposición colectiva, y con esta muestra que hoy presentamos, lleva realizadas 40 exposiciones individuales.
Su obra es escasa, producto de larga meditación, estudio y una afanosa preocupación por respetar la luz y el silencio de los lugares que elige para plasmar su creación.
Hace 30 años incorporé una pintura suya a nuestra incipiente colección y desde entonces hemos compartido sus numerosos éxitos, que se vieron coronados cuando con escasos 45 años obtiene el Gran Premio de Honor del Salón Nacional. Desde hace ocho años nos dedicamos a difundir su obra y hemos realizado exposiciones tanto en nuestro país como en el exterior.
Junto con Blanca su encantadora mujer y compañera inclaudicable, han tenido hijos y también plantarón árboles, y pareciera que ahora Norberto, inconcientemente y sin proponérselo ha puesto al árbol como un permanente protagonista de sus obras, así lo atestiguan las pinturas que hoy nos presenta y que
 
   
son producto de los últimos tres años de trabajo en los que ha recorrido de norte a sur y de este a oeste nuestra querida Argentina.En esta exposición incorpora unas deliciosas acuarelas concebidas no como estudios sino como obras definitivas, donde logra transparencias e incluso una rara sensación de movimiento en alguna de ellas. Esto es algo novedoso en su obra ya que generalmente la quietud de sus escenas ha llevado a algunos críticos a calificarlo de artista metafísico. El hombre no está presente en sus cuadros pero sí se insinúa, ya que las construcciones nos hablan de su presencia en los lugares que escoge para el tema de sus obras.
Una serie de estupendos paisajes de San Martín de los Andes contrastan en esta muestra con el cálido sol de Catamarca, Córdoba, y de algunos rincones de la provincia de Buenos Aires. Contemplando su obra vemos en ella el reflejo de su personalidad. Hombre medido y de una serena paz interior que se transluce en cada una de sus obras.

Ignacio Gutiérrez Zaldívar