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| Entre el Cielo y el Horizonte |
Jorge Luis Borges afirmó que sobre pintura
suele leerse cosas abominables, de tres clases: Las escritas por personas
que entienden de escribir y no de pintar, aquellas escritas por quienes
entienden de pintar y no de escribir y finalmente las escritas por
ambi-zurdos que ignoran esas dos actividades con igual perfección.
El párrafo, que pertenece a un artículo publicado en
la revista Crítica en marzo de 1934, me vino a la memoria cuando
mi amigo Fernando Romero Carranza me pidió que introdujera
esta exposición. Pese a que se lo refería, persistía
en la idea arguyendo que faltaba una cuarta categoría, la de
los ambidiestros. Fue así que me dió esta oportunidad
para declarar, una vez más mi devoción hacia su obra.
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Nadie como Romero Carranza describe nuestros caballos
criollos, los ranchos, almacenes, pulperías y estancias, el
apero del gaucho, su tropilla y todo lo que lo complementa; el paisaje,
los cielos y la escenografía de nuestra inmensa llanura que
Fernando tan bien conoce y tanto ama.
Como él mismo lo dijera, sus pinceles, accionados misteriosamente
por ocultos reflejos, se mueven solos, casi sin que la mano los dirija.
Inspirados en lo tantas veces pintado, al revivir sus emociones producidas
por nuestro campo, que para muchos parece pobre en líneas pero
para ellos, es rico y variado en formas, coloridos y matices.Veintiún
años han trascurrido desde la primera muestra de Romero Carranza
en Zurbarán. A lo largo de todo este período, a través
de trece exposiciones, muestras colectivas y sus participaciones en
distintas publicaciones de Zurbarán Ediciones, Fernando ha
de demostrado que así como su pasión por contar lo nuestro
se mantiene intacta, su oficio de pintor ha crecido sin prisa y sin
pausa. Las 18 obras que conforman esta exposición son la mejor
confirmación que nos encontramos ante un gran artista que además
se encuentra en su mejor momento.
Carlos María Pinasco
Junio 2000 |
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