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El Pincel Como Varita MagicaEsta nueva muestra de
Oscar Campos ha devenido por la excelencia de su labor, en un acontecimiento
artístico.
Sabemos que Campos, quien dibujara desde niño en su natal Cutral-Có,
provincia de Neuquén, mantenía un diálogo poco
común con los animales de la zona. No me arrepiento de la afirmación,
porque los animales no sólo hablan en las fábulas, también
nos hablan desde sus imágenes, desde sus gestos, y como lo
demuestra Campos en esta oportunidad desde su entorno. No me imagino
a Oscar llegando a este grado de perfección sin la intervención
de uno de los más grandes animalistas del mundo, Axel Amuchástegui
por cuyo taller pasó Campos, y donde Axel con su generosidad
característica le reveló los secretos de su técnica
impecable.
Sabemos que este amor por el arte que podríamos llamar silvestre,
tiene un cultomuy especial en Inglaterra y también en los Estados
Unidos, donde ya se pueden |
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admirar, desde años atrás, los
pájaros de Audubon.Contemplar una obra de Campos, más
allá de cualquiera de las técnicas que emplee, supone
ingresar a un mundo que por su realismo bordea los alcances de la
magia. Estas pinturas, más que pintadas, parecen surgir de
alguna evocación repentina por parte de quien posee las palabras
iniciáticas capaces de hacer surgir a los animales, como podría
aparecer algún "genio" de las Mil y una Noches. En
esta oportunidad la conquista llega al grado de lo inverosímil
tal su grado de verismo, en la comunión que cada mamífero,
cada
ave, sostiene con su entorno, terráqueo o acuático o
de la bóveda celeste. Cuando hay voces ingénuas que
reclaman al arte para las ideologías políticas, o simplemente
para cualquier tipo de ideología (que no es lo mismo que ideas)
resulta balsámico visitar una muestra como la de este creador
que ya sea en Cutral-Có, ya sea en San Martín de los
Andes, lleva adelante una vocación tan seria como inspirada,
para recordarnos que el arte no es baratija, ni "espectáculo",
ni mero "divertimento", sino trampolín para cumplir
con nuestra vocación de almas capaces de habitar el presente
de la eternidad.
Rafael Squirru |
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