José Marchi
Junio de 1997
Obras en Exposición
Descubriendo lo invisible
 
Enfrentarse por primera vez a la obra de José Marchi es como descubrir un objeto valiosísimo, que uno creía perdido para siempre. Esta fue mi experiencia cuando me encontré ante los cuadros de este artista extraordinario, a comienzos de la década del 90. Al ver las fotografías de algunos de sus trabajos, como así también algunas obras originales, sentí que estaba excavando en mis propios sueños, y aquellos pensamientos que creía fugaces o irrecuperables, de repente volvieron a enfocarse con nitidez. Y esta es una de las características más significativas de la obra de Marchi, sus imágenes logran hacer palpables y concretos aquellos aspectos de la experiencia o de la imaginación, que consideramos demasiado íntimos como para hablar de ellos, y aún difíciles de ser tratados por nosotros mismos.
En algunos casos, sus pinturas parten de las experiencias y realidades vividas por nuestros antepasados en tiempos lejanos, sin embargo, nunca ha intentado recrear una autenticidad psicológica basándose en acontecimientos de la vida de otros, sino en su experiencia personal. Marchi se apropia -de una forma que algunos podrían llamar post-modernista- de detalles de nuestro pasado colectivo, y los transforma en un comentario puramente subjetivo, sutil y a menudo irónico del mundo actual.
Con respecto a las obras que hoy se exponen, continúa con su interés por lo enigmático, lo evanescente y lo evocativo. Reaparecen los temas que lo han obsesionado en el pasado -trabajadores, escolares, observadores de la naturaleza-
 
   

El Canto de la Mañana

Y una vez más podríamos relacionar aspectos de su sensibilidad -como lo ha hecho el eminente crítico Rafael Squirru- con el Simbolismo y hasta con el Surrealismo. Sin embargo, creo que estas imágenes, por su intimidad y compromiso personal, quedan al margen de esas tendencias europeas.
Son imágenes que por un lado, están signadas por un conocimiento innato de los fenómenos de la inmigración, el desplazamiento y el exilio, todos los cuales eranendémicos a la experiencia en el Nuevo Mundo a finales del siglo pasado. Por otro lado, también están relacionadas -a veces literalmente mediante el uso constante de cuerdas, sogas y otros materiales conectivos-, con nuestra propia sensibilidad contemporánea -sensibilidad que está profundamente insertada en el trauma y el "angst" del milenio que se avecina-. Este profundo miedo psicológico al desarraigo, tan agudamente reflejado por los personajes de estas obras, puede interpretarse metafóricamente como nuestra percepción comunitaria de la marcha inevitable del tiempo, y la ineludible verdad de que debemos enfrentar conjuntamente, los desafíos inciertos del futuro.
Con brillante dominio del oficio, Marchi aplica su tradicional enfoque de métodos y técnicas para minar la tradición. Es uno de los últimos artistas tradicionales y al mismo tiempo es de los pintores menos académicos que conozco. Hace comentarios irónicos acerca de nuestras costumbres, nuestros conocimientos recibidos y las suposiciones acerca de nuestro lugar en la sociedad -que determinan nuestras actividades cotidianas-. El elenco de sus personajes, con sus expresiones enigmáticas y a menudo inquietantes, como en Canto de la mañana, realizando actividades sin explicación como en El taller de los sueños encendidos, o participando como observadores de fenómenos tan insólitos como el arco iris nocturno de Los hermanos del arco iris nocturno, todos representan facetas de cada uno de nosotros, de nuestros miedos y aspiraciones; o, como en el caso de Oración del bosque, quizás la obra más "primal" y perturbadora de la exposición, nuestros deseos de permanecer como parte de los rituales y ceremonias que comenzaron en la antigüedad. De manera inusual y evocativa, Marchi ha encontrado la llave de la imaginación del inconsciente colectivo.

Edward J. Sullivan, Abril de 1997
Profesor y Presidente del departamento
de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York
Traducción al castellano: María Squirru