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| Descubriendo lo invisible |
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Enfrentarse por primera vez a la obra de José
Marchi es como descubrir un objeto valiosísimo, que uno creía
perdido para siempre. Esta fue mi experiencia cuando me encontré
ante los cuadros de este artista extraordinario, a comienzos de la
década del 90. Al ver las fotografías de algunos de
sus trabajos, como así también algunas obras originales,
sentí que estaba excavando en mis propios sueños, y
aquellos pensamientos que creía fugaces o irrecuperables, de
repente volvieron a enfocarse con nitidez. Y esta es una de las características
más significativas de la obra de Marchi, sus imágenes
logran hacer palpables y concretos aquellos aspectos de la experiencia
o de la imaginación, que consideramos demasiado íntimos
como para hablar de ellos, y aún difíciles de ser tratados
por nosotros mismos.
En algunos casos, sus pinturas parten de las experiencias y realidades
vividas por nuestros antepasados en tiempos lejanos, sin embargo,
nunca ha intentado recrear una autenticidad psicológica basándose
en acontecimientos de la vida de otros, sino en su experiencia personal.
Marchi se apropia -de una forma que algunos podrían llamar
post-modernista- de detalles de nuestro pasado colectivo, y los transforma
en un comentario puramente subjetivo, sutil y a menudo irónico
del mundo actual.
Con respecto a las obras que hoy se exponen, continúa con su
interés por lo enigmático, lo evanescente y lo evocativo.
Reaparecen los temas que lo han obsesionado en el pasado -trabajadores,
escolares, observadores de la naturaleza- |
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El Canto de la Mañana
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Y una vez más podríamos
relacionar aspectos de su sensibilidad -como lo ha hecho el eminente
crítico Rafael Squirru- con el Simbolismo y hasta con el
Surrealismo. Sin embargo, creo que estas imágenes, por su
intimidad y compromiso personal, quedan al margen de esas tendencias
europeas.
Son imágenes que por un lado, están signadas por un
conocimiento innato de los fenómenos de la inmigración,
el desplazamiento y el exilio, todos los cuales eranendémicos
a la experiencia en el Nuevo Mundo a finales del siglo pasado. Por
otro lado, también están relacionadas -a veces literalmente
mediante el uso constante de cuerdas, sogas y otros materiales conectivos-,
con nuestra propia sensibilidad contemporánea -sensibilidad
que está profundamente insertada en el trauma y el "angst"
del milenio que se avecina-. Este profundo miedo psicológico
al desarraigo, tan agudamente reflejado por los personajes de estas
obras, puede interpretarse metafóricamente como nuestra percepción
comunitaria de la marcha inevitable del tiempo, y la ineludible
verdad de que debemos enfrentar conjuntamente, los desafíos
inciertos del futuro.
Con brillante dominio del oficio, Marchi aplica su tradicional enfoque
de métodos y técnicas para minar la tradición.
Es uno de los últimos artistas tradicionales y al mismo tiempo
es de los pintores menos académicos que conozco. Hace comentarios
irónicos acerca de nuestras costumbres, nuestros conocimientos
recibidos y las suposiciones acerca de nuestro lugar en la sociedad
-que determinan nuestras actividades cotidianas-. El elenco de sus
personajes, con sus expresiones enigmáticas y a menudo inquietantes,
como en Canto de la mañana, realizando actividades
sin explicación como en El taller de los sueños
encendidos, o participando como observadores de fenómenos
tan insólitos como el arco iris nocturno de Los hermanos
del arco iris nocturno, todos representan facetas de cada uno
de nosotros, de nuestros miedos y aspiraciones; o, como en el caso
de Oración del bosque, quizás la obra más
"primal" y perturbadora de la exposición, nuestros
deseos de permanecer como parte de los rituales y ceremonias que
comenzaron en la antigüedad. De manera inusual y evocativa,
Marchi ha encontrado la llave de la imaginación del inconsciente
colectivo.
Edward J. Sullivan, Abril de 1997
Profesor y Presidente del departamento
de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York
Traducción al castellano: María Squirru
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