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| Escultor de Jerarquía Universal |
| Tengo un recuerdo nítido de Pablo Curatella
Manes, el escultor argentino nacido en La Plata en 1891 y que falleció
en Buenos Aires en 1962. Se trataba de un hombre menudo y circunspecto
que parecía antes un músico que un escultor. Vestía
con atildada elegencia, resabio quizá de sus años de
diplomático, pues había sido Secretario de Embajada
en París. La formación de Curatella no pudo ser más
afortunada. Estudios en nuestro país con Arturo Dresco y Lucio
Correa Morales que remató en el estudio de ese genio que se
llamó Antoine Bourdelle (el creador de nuestro monumento a
Alvear). Fueron muchas las conversaciones que mantuve con Curatella
quien además de practicar el arte de la escultura, tenía
sólidos fundamentos teóricos para referirse al difícil
arte. |
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Mulata - 1922 -
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Sabemos que apreciar la escultura demanda mayor esfuerzo
del contemplador que lo que acontece con el campo pictórico,
y ello es así porque cualquiera sea el ángulo desde
el cual se la mire, siempre la escultura oculta una parte que no se
brinda a nuestra vista, y que debe estar librada a nuestra imaginación.
La escultura de Curatella va desde sus inicios clásicos hasta
la conquista del estilo cubista que comparte con maestros de la talla
de Zadkine. Si bien en este estilo que dominó en sus últimas
etapas, la severidad de los planteos nos inclinan a mantener la apreciación
de una sensibilidad clásica (la masa cuyo peso se siente estableciendo
sensaciones hápticas) justo es aceptar que esa severidad, en
muchos casos cede a un modelado que no descarta la sensación
del movimiento, y que en cierta medida lo acerca a las delicias del
barroco.
Yo me atrevería a definirlo como un ecléctico que, manteniendo
la tradición clásica, acepta suavizarla a partir de
una delicada sensibilidad del espacio ocupado. Por momentos, aunque
se trate de escultura en redondo, se pone de manifiesto el respeto
por el relieve que sabemos tiene un grado de acercamiento a la pintura.
Más allá de estas consideraciones formales, Curatella
es clásico en el sentido añadido de lo perdurable. Su
amor por su arte no conoció desmayos, su carácter y
su don de la persistencia, le permitieron asomarse a la dimensión
del espíritu que, es la que en última instancia, marca
el logro de una visión. Así como es su obra, era su
conversación y su rara preparación y cultura para abordar
los temas del arte. Toda esta riqueza estética y humana es
lo que hace de sus realizaciones una de las cúspides del arte,
al que dedicó sus mayores desvelos.
Rafael Squirru
Septiembre de 1998 |
Ninfa Acostada - 1924
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- *1-
Mujer sentada - 1916 - 32 x 18 x 16 cm.
- *2- La mujer del tapado
grueso - 1921 - 37 x20 x 26 cm.
- *3- La guitarra - 1921
- 34 x 31 x 12 cm.
- *4- El guitarrista
- 1921 - 39 x 21 x 23 cm.
- *5- El acordeonista
- 1922 - 44 x 23 x 17 cm.
- *6- El hombre del contrabajo
- 1922 - 61 x 30 x 19 cm.
- *7- Mulata - 1922 -
38 x 11 x 9,5 cm.
- *8- Los acróbatas
- 1923 - 112 x 54 x 33 cm.
- *9- Ninfa acostada
- 1924 - 36 x 85 x 34 cm.
- *10- El hombre del
lazo - 1925 - 150 x 95 x 70 cm.
- *11- El dragón
- 1927 - 101 x 87 x 27 cm.
- *12- Pomona - 1927
- 47 x 18 x 11 cm.
- *13- Idilio criollo
- 1928 - 109 x 107 x 45 cm.
- *14- Las tres gracias
- 1930 - 38 x 30 x 30 cm.
- *Obras reproducidas
en el catálogo
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