Pablo Curatella Manes
Septiembre de 1998
obras en exposición
Pablo Curatella Manes
Escultor de Jerarquía Universal
Tengo un recuerdo nítido de Pablo Curatella Manes, el escultor argentino nacido en La Plata en 1891 y que falleció en Buenos Aires en 1962. Se trataba de un hombre menudo y circunspecto que parecía antes un músico que un escultor. Vestía con atildada elegencia, resabio quizá de sus años de diplomático, pues había sido Secretario de Embajada en París. La formación de Curatella no pudo ser más afortunada. Estudios en nuestro país con Arturo Dresco y Lucio Correa Morales que remató en el estudio de ese genio que se llamó Antoine Bourdelle (el creador de nuestro monumento a Alvear). Fueron muchas las conversaciones que mantuve con Curatella quien además de practicar el arte de la escultura, tenía sólidos fundamentos teóricos para referirse al difícil arte.
Mulata - 1922 -
   
Sabemos que apreciar la escultura demanda mayor esfuerzo del contemplador que lo que acontece con el campo pictórico, y ello es así porque cualquiera sea el ángulo desde el cual se la mire, siempre la escultura oculta una parte que no se brinda a nuestra vista, y que debe estar librada a nuestra imaginación. La escultura de Curatella va desde sus inicios clásicos hasta la conquista del estilo cubista que comparte con maestros de la talla de Zadkine. Si bien en este estilo que dominó en sus últimas etapas, la severidad de los planteos nos inclinan a mantener la apreciación de una sensibilidad clásica (la masa cuyo peso se siente estableciendo sensaciones hápticas) justo es aceptar que esa severidad, en muchos casos cede a un modelado que no descarta la sensación del movimiento, y que en cierta medida lo acerca a las delicias del barroco.
Yo me atrevería a definirlo como un ecléctico que, manteniendo la tradición clásica, acepta suavizarla a partir de una delicada sensibilidad del espacio ocupado. Por momentos, aunque se trate de escultura en redondo, se pone de manifiesto el respeto por el relieve que sabemos tiene un grado de acercamiento a la pintura. Más allá de estas consideraciones formales, Curatella es clásico en el sentido añadido de lo perdurable. Su amor por su arte no conoció desmayos, su carácter y su don de la persistencia, le permitieron asomarse a la dimensión del espíritu que, es la que en última instancia, marca el logro de una visión. Así como es su obra, era su conversación y su rara preparación y cultura para abordar los temas del arte. Toda esta riqueza estética y humana es lo que hace de sus realizaciones una de las cúspides del arte, al que dedicó sus mayores desvelos.

Rafael Squirru
Septiembre de 1998

Ninfa Acostada - 1924
 

 

   
  • *1- Mujer sentada - 1916 - 32 x 18 x 16 cm.
  • *2- La mujer del tapado grueso - 1921 - 37 x20 x 26 cm.
  • *3- La guitarra - 1921 - 34 x 31 x 12 cm.
  • *4- El guitarrista - 1921 - 39 x 21 x 23 cm.
  • *5- El acordeonista - 1922 - 44 x 23 x 17 cm.
  • *6- El hombre del contrabajo - 1922 - 61 x 30 x 19 cm.
  • *7- Mulata - 1922 - 38 x 11 x 9,5 cm.
  • *8- Los acróbatas - 1923 - 112 x 54 x 33 cm.
  • *9- Ninfa acostada - 1924 - 36 x 85 x 34 cm.
  • *10- El hombre del lazo - 1925 - 150 x 95 x 70 cm.
  • *11- El dragón - 1927 - 101 x 87 x 27 cm.
  • *12- Pomona - 1927 - 47 x 18 x 11 cm.
  • *13- Idilio criollo - 1928 - 109 x 107 x 45 cm.
  • *14- Las tres gracias - 1930 - 38 x 30 x 30 cm.
  • *Obras reproducidas en el catálogo