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Estuve presente cuando Carlos María Pinasco
seleccionó las obras de Presas para la exposición
de Colección Alvear. Pude apreciar como Carlos María
elegía con buen ojo. An así sugiri- que para
el prólogo se inclinaba por una semblanza del artista más
que al comentario de estas últimas pinturas. Accedía
la sugerencia .
Mi amistad y conocimiento de Leopoldo Presas ya cumple sus bodas
de oro. Cuando tenía su taller en la calle Cerrito yo iba
a menudo a visitarlo y en alguna oportunidad tuve la osadía
de manchar algunas telas con los pinceles del entonces joven maestro.
Lejos de incomodarse por estas incursiones, Presas siempre las comentó
con benévola simpatía. Y esto me lleva a señalar
una de las características del artista Presas: su carácter
bondadoso.
Sabemos que lo genial pasa por el talento y el carácter,
pero son muchos los que dan por sobreentendido que carácter
quiere decir mal carácter.
El caso de Presas demuestra lo contrario. Se puede tener carácter
sin que ello implique fruncir el ceño.
Talento nunca le mezquinó la naturaleza a este enamorado
del eterno femenino, una de las manifestaciones más bellas
de la naturaleza.
Aunque tuvo períodos expresionistas donde por momentos la
imaginería se tornaba violenta, se trató de etapas
pasajeras.
Presas siempre volvería a esos desnudos, emulados por la
maja desnuda de Goya. Admirador de Picasso, en cierta oportunidad
me hizo notar que en las referencias femeninas de Picasso siempre
había un toque de ternura, que aumentó con el correr
de los años hasta sus últimos dibujos y grabados.
Lo mismo puedo decir de Presas, recordando con el poeta y filósofo
Fernando Demaría que la ternura es una de las más
altas manifestaciones del sentimiento, que puede alcanzar el ser
humano.
Rafael Squirru.
Marzo de 2002.
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