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| (1918-1971) |
Hijo de un inmigrante italiano y una cordobesa de
criolla cepa, Mario Dario Grandi nació en Buenos Aires, el
28 de octubre de 1918. Atraído por el dibujo y la pintura desde
temprana edad sigue cursos en la Sociedad Estímulo de Bellas
Artes y en el Instituto de Artes Gráficas, donde tiene como
profesor a Spilimbergo. En 1941, cuando aún no cuenta con 23
años de edad, realiza su primera exposición individual
en el Teatro del Pueblo e inicia una laboriosa marcha personal por
los terrenos del Arte. Ese mismo año se casa con Julia Rebollo,
esposa, amiga, consejera, sostén en las dificultades, compañera
en alegrías, y hasta modelo de muchas de sus obras más
logradas.
Intentar un balance de su labor, tras treinta años de febril
actividad, nos llevará a registrar 98 exposiciones individuales
e innúmeras participaciones en muestras colectivas en nuestro
país y en el exterior. La ilustración de libros, la
cerámica, la realización de cartones para tapices y
el grabado, fueron también recursos expresivos que Grandi,
esencialmente un pintor, no dejó de abordar. Pero es en el
sutil manejo del pastel con el que ya en sus primeras exposiciones
en la Galería Muller iba a concitar la atención de Payró,
Pagano, Haedo, de Amador, y los principales críticos del momento.
Radicado a partir de 1945 en Córdoba, irradia su obra tanto
a la metrópoli como hacia otras ciudades del interior: Rosario,
Rio Cuarto, Concordia, Santa Fe, Tucumán, La Rioja, acogen
renovadas muestras de sus trabajos. También los Salones saben
de sus envíos, y el nombre de Grandi comienza a ser frecuente
en las actas de los jurados. Desde un 2do. Premio en el XXX Salón
de Acuarelistas y Grabadores (1944) hasta el consagratorio Primer
Premio en el LXIV Salón Nacional de Artes Plásticas
(1954), los galardones testimonian su presencia en los Salones de
Santa Fe, Mar del Plata, La Rioja, y Deán Funes. |
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La compra de una casa en Paso del Rey lo trae en 1953
de regreso a la geografía natal. Nuevas exposiciones en las
porteñas Galería Pizarro, Van Riel y Bonino, y el comienzo
de su proyección internacional con participaciones en las Bienales
de San Pablo (1957) y México (1958) y muestras individuales
en Lima (1955), Río de Janeiro (1957), Caracas (1958) y Montevideo
(1962). Ese mismo año integra la Muestra de Arte Sacro que
se realiza en Roma con motivo de los 80 años del Papa Juan
XXIII.
Los últimos diez años de su vida son de febril actividad.
Raro es el mes en que no se inaugura una exposición de Grandi.
Galerías, escuelas, sociedades de fomento, fábricas,
todos los ámbitos le son propicios para poner su obra en contacto
con un público cada vez mas sensible a ese universo de "paz
y amor", como gustaba definirlo, y que encarnaban sus compadritos,
sus juglares, los músicos, los balcones, las naturalezas muertas,
los temas místicos, los desnudos, los paisajes, las figuras
a los que el artista encomendaba el privilegio rol de transmitir su
mensaje.
La muerte lo sorprendió el 20 de Abril de 1971 cuando regresaba
desde su taller hacia su casa. En una calle del barrio de Liniers,
y cuando a penas contaba 52 años, Grandi voló hacia
su mundo ideal, ya presentido en el trazado etéreo de esos
personajes a los que convocaba con el juego mágico de la línea
y el color.
Luego fueron los homenajes. El Museo Sívori (1971), el de Luján
(1974), el Museo de Arte Moderno (1975) y el Museo Nacional de Bellas
Artes (1977) albergaron otras tantas muestras retrospectivas. Hoy
a treinta años de su fallecimiento y como merecido homenaje
a su memoria Zurbarán y Colección Alvear presentan esta
muestra simultánea en sus dos salas. |
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