Graciela Genovés
Exposición N° 138
Obras en Exposición
Del 25 de Octubre al 25 de Novienbre de 2001
Una mirada luminosa

La paleta luminosa de Graciela Genovés, su sereno cromatismo, pleno de armonías, condice con su mirada del mundo, cargada de afectos. Por eso trata temas de la vida cotidiana, se detiene en el prójimo (lo próximo).
Figuras humanas femeninas y masculinas, niños (muy ausentes en la pintura argentina de las últimas décadas), animales domésticos; flores y plantas integran su repertorio de seres vivos. También están los objetos familiares de nuestras casas (mesas, manteles, sillas, un plato de comida, unas frutas). No son naturalezas muertas en el sentido tradicional ya que no son materia de una representación plástica sino el registro de una presencia conformadora del habitar humano.
La artista incursiona, asimismo, en otros temas que detienen su mirada en los cafés, rincones que identifican a San Telmo, vidrieras, espacios que vinculan lo interior y lo exterior, algún inquietante desnudo, frente a estos temas no es difícil recordar a Edward Hopper y su sentido de la soledad en la inmensidad de la vida urbana, aunque en este caso el acento es otro.

   

Graciela aborda estas temáticas sin dramatismo; sin dejarse llevar por esa vena tenebrosa que caracterizó a los expresionismos. Lo suyo tiene más que ver con una mirada sosegada y reflexiva, que asume la realidad desde su costado más positivo.

Su pintura es el polo opuesto a la betuminosidad que ha caracterizado a mucha pintura argentina, acorde con una visión negativa o pesimista de la existencia. Por eso la materia cromática es ligera, casi acuarelada, sin densidades trágicas o texturas que la acentúen. Casi siempre hay una ventana o un rayo de luz que proviene del mundo de la naturaleza penetrando entre los hombres.
En momentos tan difíciles para nuestro país y para el mundo, esta pintura de Graciela Genovés es como un recordatorio necesario de que la vida vale la pena de ser vivida.

Fermín Fevre
Octubre de 2001