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Graciela Genovés tiene una sólida formación
académica, a partir de sus estudios en La Plata donde tuvo
la buena fortuna de estudiar con Attila, como maestro de dibujo. Siempre
he creído que los alumnos tienen los maestros que merecen,
y ello habla muy bien de Graciela.
Su arte es por demás ambicioso y audaz. Ama la temática
de la figura humana con preferencia femenina, con particular devoción
por los niños y algunos animales aislados, perros, palomas.
El aspecto sobresaliente de esta joven artista (en términos
de artes plásticas) que va rumbo a cumplir 38 años,
es el de la composición por un lado y el color por el otro,
a partir de la probidad dibujística. Respecto del color ella
misma nos ha confesado su admiración por Bonnard, pero me atrevo
a decir que el de Graciela es bastante más luminoso y brillante.
Por algo el platense Emilio Pettoruti dedicó una serie de soles
argentinos.
Los naranjas, los pálidos violetas y los verdes mantienen tonos
apastelados, pese a que trabaja el óleo sobre tela o sobre
cartón.
El resultado es una pintura alegre, de la que no descarto una dimensión
sensual que tiene remoto parentesco con el creador europeo Balthus.
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Después del largo camino que he recorrido,
me resulta doblemente grato poder presentar a esta valiosa pintora
que se asoma llena de brío a la palestra de las artes visuales.
Estoy convencido que nos encontramos ante un acierto más de
Gutiérrez Zaldívar y Pinasco que demuestran día
a día su inacansable vocación por exaltar nuestros grandes
valores y que están, además en la búsqueda permanente
de otros nuevos.
Rafael Squirru
Septiembre de 2000 |
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