Claudio Gallina
Expo. N° 118. Nov. / Dic. de 1999.
Obras en Exposición
Claudio Gallina

Escenario de una AlegoríaPoesía, teatro, drama. Podría resumirse en esta síntesis el montaje que ordena y da vida a las obras del pintor Claudio Gallina. Porque es indudable que sus imágenes obedecen a una puesta en escena que equilibra y dispone sus personajes a partir de un argumento o un rol escénico.
No quiero poner aquí la palabra escenografía, como se ha hecho, porque aventura equívocamente un concepto limitado.
Es cierto que los temas de Claudio son pequeñas historias. Y desde ese punto de vista se podría decir que el artista es un narrador que orquesta sus versiones con símbolos y referencias poéticas vinculadas al drama.
Esto me hace recordar los autos sacramentales que dieron al teatro español una vertiente muy rica y novedosa para la época. Podría catalogarse a los dos géneros, aquel teatral y el Gallina pictórico, como piezas dramáticas alegóricas, aunque en el caso de la pintura que nos ocupa no aparezca elle circunstancialmente ligada o perteneciente al misterio de la Eucaristía.De todos modos, como en el cuadro titulado "Ese río interminable", podemos observar como una introducción a este mundo parabólico, entronizado en un proscenio anterior, curiosamente conformado por tierra o arena (¿quizá circense?), donde se protagoniza el nudo temático.
   

Esta metodología es aplicada, con variables y decorados mutantes, en diversas obras, tales como "Esperando para despertar", que reúne una fachada de casa, telón rojo al fondo agitado por el viento tablado con escalera y persona en su contexto dramático; o "El relato", sucesión de espacios repetidos y separados con un lector en tres planos y otras secuencias concomitantes; y "La mente en blanco", una magnífica representación que contrasta la algarabía de los escolares con un pizarrón que uniforma siluetas proyectadas.
El poeta T.S.Eliot escribía que el designio de los isabelinos era lograr un realismo completo, pero sin renunciar a las ventajas que como artistas existe en las convenciones no realistas. No digo con esto que la pintura de Claudio Gallina se asemeje al teatro isabelino, pero en sus coordenadas encontramos una postura dramática que entre bambalinas se confunde con las secuencias de dramaturgos isabelinos y jacobinos como ford, Chapman, Webster, Fletcher, Marlowe y por supuesto el antes y después de Shakespeare.
En las telas de Claudio Gallina creo que el espíritu alegórico y ese realismo (no a la manera de Courbet) que podría denominar simbólico, están profundamente aliados al teatro y su esencia, que se conjuga adecuadamente en su visión plástica con tonos neutros aunque a veces exhuberantes.
Su mundo, compuesto de escenarios, terrazas, edificios como componentes del decorado, es el territorio propicio para ubicar sus personajes, protagonistas del misterio de vivir que en sus infinitas situaciones es la materia narrativa del artista.

Raúl Vera Ocampo, Octubre de 1999.

 

   
1- Ese río interminable
2- Me lo había escrito Nicolás
3- Esperando para despertar
4- La maga
5- Llovizna fría
6- Son cosas de chicos
7- Propiedad privada
8- Detrás de mis ojos
9- Uno
10- ¿Qué hay detrás de mi castillo?
11- Memoria transparente
12- Un ciego frente al mar
13- Casa Nº 12
14- Con la mente en blanco
15- Si el sueño fuera una tregua
16- Veo pasar los días
17- Es de noche, de tarde, de día
18- Demasiada gente para mi gusto
19- Pensamientos raros
20- El esclavo
21- De madrugada tengo sueños
22- La prestidigitadora
23- Chico verde
24- El destino
25- El Puente