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(pronuncia su apellido como porteño) puede
exclamar como Joan Miró: "Camino la cuerda floja, por
que puedo".
Esa cuerda floja esta extendida sobre dos profundidades amenazantes,
el mundo de la escenografía y el mundo de la historieta.
Si Claudio atraviesa el peligro, sin caerse, es por que tiene una
sólida formación plástica que le permitió
egresar no solo de la Escuela Nacional de Bellas Artes, sino además
frecuentar entre otros el taller de ese gran dibujante que es Osvaldo
Attila.
Lo que es más, esas amenazas (reales o aparentes) son algo
de lo cual Gallina es capaz de sacarle provecho. Parte de la explicación
se debe a sus estudios con Lerchundi en el Teatro Colón, donde
aprendió los secretos escenográficos. |
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Con ese bagaje de conocimiento
debo admitir, que más allá de las estéticas
que pueden serme más o menos afines, el caso de Gallina obliga
al respeto y a la admiración.
Pienso de modo particular en su última serie inspirada en
los alumnos diminutos que deambulan frente al gran pizarrón,
este último una buena excusa para introducir sin forzarlo,
leyendas o cifras que acompañan, no sin elegancia, esta mirada
con tendencia microscópica que tiene Gallina.
Se trata de ver al mundo no con la perspectiva de lo épico,
sino con la curiosidad del entomólogo, quienes además
siente simpatía y ternura por los seres que lo pueblan.
Si tuviese que señalar la condición sobresaliente
del arte de Claudio Gallina pensaría en la ternura, que no
renuncia al humor.
Toda pintura es reflejo de la personalidad que la plasma.
Conozco personalmente a este artista y son precisamente esas las
cualidades que más me han llegado.
Pintura de artista maduro que sabe lo que hace y lo que quiere hacer,
las pinturas de Claudio Gallina más que navajas que cuelgan
de la pared como lo quería Picasso, son fuentes bondadosas
para calmar esa ansiedad tan frecuente en este mundo que nos tocó
habitar.
Por Rafael Squirru, Febrero de
2001.
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