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La vastedad de nuestra geografía seguramente
fue la causa de que nuestra pintura excluyera casi completamente al
mar y a la costa como argumento. Descendidos de los barcos los primeros
artistas se dedicaron más a recorrer el amplio territorio que
tenían por delante que a mirar para atrás. Fue así
que la inmensidad de la pampa, las sierras de Córdoba, nuestro
norte o la cordillera, con sus habitantes, se constiutyeron en el
eje temático del Arte de los Argentinos aún hasta el
presente.
Excepciones existen, algunas muy honrosas, como la de Don Carlos Morel,
que en el siglo pasado pintó vistas de Buenos Aires desde el
río, o el maestro Benito Quinquela Martín, quien le
cambió el color a todo un barrio.
Jorge Dándolo es también una honrosa excepción.
Nacido en Buenos Aires en 1934, dibujó desde siempre alentado
por su padre, un dibujante aficionado. En la adolescencia ingresó
a la Academia de Bellas Artes Beato Angélico, fundada por Fray
Guillermo Butler y frecuentó los talleres libres de la Sociedad
de Estímulo de Bellas Artes. |
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Pero quien más influyó en su vida de
artista fue Oscar Vaz, que años después se convirtió
en su suegro. De él aprendió la importancia del dibujo,
la sólida construcción del cuadro y su magistral manejo
de los grises.
El lo hizo también heredero de una sucesión de grandes
pintores del selecto género marinista que se inicia con el
italiano Eduardo de Martino, y continúa con su alumno Justo
Lynch. Es entonces Jorge Dándolo el cuarto eslabón de
una cadena maestro-discípulo que se dedicó a mirar al
puerto, al río y al mar.
En la década del sesenta Dándolo hizo sus primeros envíos
a los salones oficiales y desde los años setenta expone individualmente
en distintas galerías de nuestro país. En 1983 viajó
a Europa y a su regreso presentó una estupenda exposición
con paisajes del viejo continente. En 1991 fue invitado a participar
en la muestra "Art Maritim", llevada a cabo en Hamburgo,
Alemania. Un año atrás Ignacio Gutiérrez Zaldívar
le dió la bienvenida a Zurbarán en el prólogo
de la primera exposición con nosotros. Hoy tengo yo una doble
alegría de presentar en Colección Alvear a un grande
de nuestro arte, que desarrolla una temática que me es especialmente
grata.
Carlos María Pinasco.
Mayo de 1999. |
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