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Nacido en Buenos Aires, en 1934, Jorge Dándolo
dibujó desde siempre, alentado por su padre, un dibujante aficionado.
En la adolescencia ingresó en la Academia de Bellas Artes Beato
Angélico, fundada por Fray Guillermo Butler y frecuentó
los tallerres libres de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes.
Pero, quien influyó en su pintura fue Oscar Vaz, su maestro
(y a tiempo su suegro), que le trnasfirió los secretos de la
composición y su magistral manejo de los grises. Fue él
también quien lo hizo heredero de la sucesión de los
grandes maestros del género marinista: Eduardo de Martino y
Justo Lynch.
Con ese importante bagaje, Dándolo pinta los rincones de la
Boca que inmortalizó Benito Quinquela Martín, las barracas
de la época del Ingeniero Huergo, los diques y las dársenas
de Puerto Madero, con una técnica que podría llamarse
neo-impresionista, porque conjuga la luz de los maestros franceses
de aquella escuela con un lenguaje absolutamente actual. |
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Los efectos que iluminan sus obras
dan al espectador la sensación de contemplar el paisaje a través
de un vidrio ligeramente esmerilado. La materia habilmente vibrada
infunde al conjunto un toque poético sin por ello distorsionar
el motivo de la obra cuya construcción es cuidadosa y acertada.
Los paisajes europeos que Dándolo acostumbra incluir en sus
muestras no hacen más que ratificar, más allá
del argumento, su condición de maestro romántico de
nuestra pintura.
Carlos María Pinasco.
Invierno de 2001 |
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