Ernesto Bertani
Expo. Nº 416 Oct./ Dic. de 2000
Obras en Exposición
 
Los acrílicos sobre lienzo que presenta Bertani en Zurbarán nos retrotaen al período en que comenzó a pintar una serie de personajes mezclados unos con otros en una especie de compacta amalgama. Insiste ahora en ello, dejando atrás los interiores misteriosos, las prendas masculinas, los escultóricos sillones, los lápices volátiles, las voluptuosas mujeres envueltas en gasas insinuantes. Vuelve, entonces, a los cuerpos adheridos en una fluencia de abrazos cuya estrechez origina por condensación una carnal arquitectura. El entrelazamiento de los mismos, la fluencia que los anima como en ritmados frisos, obran una suerte de monumental despliegue, exhalando con fuerza singular pese al límite de las dimensiones elegidas. Sin embargo, lo que podría verse sólo como una enredada opulencia física se enriquece con la alternancia de los géneros rayados - los casisimires a los cuales es tan afecto - que exaltan las formas, envolviéndolas con sensual morbidez. Tal simbiosis de cuerpos y telas llega al paroxismo en obras como "La Fuerza del Amor". Una varada erótica agrega a veces su toque inquietante: fragmentos de anónimas mujeres vestidas de transparencias delicadas se aposentan, en expectante corcondancia, sobre fragmentos caballeros anónimos. La atracción corporal se revela con intensidad en "Remolino de Pasiones" así como en "Cuatro x Cuatro", ya que la dupla enroscante de los bailarines tangueros encuentra un soporte feliz, sumamente logrado, en el juego de pasiones exhibido en muchos de sus cuadros.
   
Técnicamente reune el talento del dibujante con el refinamiento del colorista. El trazo sabio subraya la corporeidad sin imponerse, como en un discreto contrapunto. Ello hace que las imágenes se moldeen con solidez beneficiándose de una tesitura íntima que, sin quitarles levedad, las recubre de refinada consistencia. El cromatismo, siempre ajustado, anima con sutileza las gracia de las figuras.
La biografía de Bertani nos habla de un artista tradicionalmente porteño, amante de su barrio, de su familia, de sus amigos, de la paz hogareña, halagado por los numerosos premios obtenidos a lo largo de su carrera. Más allá de tal descripción, encontramos en él alguien que, quizás sin proponérselo, transporte las fronteras menudas hacia el universalismo semántico de las corrientes conceptuales que examinan con burlona ironía la conflictiva realidad circundante.

Guillermo Whitelow
Octubre de 2000

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