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Carlos Alonso
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Exposición
Nº 401
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Obras
en exposición
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| Nuestra palabra dibujo
proviene del boj, definido como arbusto de madera amarillenta, dura y aterciopelada
que resulta ideal para grabar. Del soporte pasó al diseño
mismo, de modo que la utilizamos para designar uno de los más nobles
capítulos del arte. Ya los antiguos distinguían entre "diseñare",
dibujo lineal, y "adumbrare", dibujo tonal (luz y sombras), pero
hubo que llegar al Renacimiento itálico para que se le otorgase al
dibujo la jerarquía de autónomo, lo que recién ocurrió
con Pisanello y Gentile da Fabriano. Hasta entonces se considera al dibujo en tanto paso previo para pintar o bien otorgándose el valor del croquis, con propósitos arquitectónicos o para anotar instrucciones, tales como el manual del medioevo de Villard de Honnecourt, utilizado como tratado de modelos decorativos o ilustrativos. Cuando apareció la edición del Quijote en dos tomos, editados por EMECÉ, señalamos ya entonces que el tomo con los dibujos y litografías de Carlos Alonso (1958) era superior en cuanto a su calidad dibujística que el que contenía los dibujos de Salvador Dalí (1957), lo que escandalizó a no pocos. Dalí está considerado con justicia como uno de los mejores dibujantes de este siglo; resultaba poco menos que inverosímil que pudiésemos colocarlo a Carlos Alonso por encima del genio catalán. |
En ambos casos la maestría se volcaba al dibujo
lineal, sin por ello despreciar el empleo de lagunas sombras que con el
tiempo se han acentuado, como lo comprueba esta última muestra
de Zurbarán en la que Carlos Alonso valiéndose de carbonilla
y lápiz, nos deslumbra con una serie de dibujos que hablan no solamente
del virtuoso sino además de la tremenda capacidad expresiva que
encierran todas y cada una de las figuras que aquí nos ocupan. Rafael Squirru.
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