Mario Vidal Lozano
Salta, 1957
Mario nació, vive y trabaja en Salta. Lleva consigo las cualidades de la gente y la tierra de esta bellísima provincia. Su amabilidad, la sonoridad clara, rica y pausada del puro castellano, y hasta su forma de moverse y caminar hace que una charla con él se convierta en un hermoso momento.
Trabaja sus obras con tierras que recoge de la puna y los cerros de Salta, Jujuy y Catamarca, pero con un lenguaje despojado, sencillo y a la vez cargado de símbolos y señales que lo convierten en un artista “universal”.
Se inició en las artes plásticas siendo un niño, sus maestros de la escuela primaria lo alentaron y desde los 9 años comenzó a estudiar en talleres infantiles de la Escuela Provincial de Bellas Artes de Salta, donde años después se recibió de profesor y donde actualmente es docente: 41 años en esa escuela, que se convirtió prácticamente en su segundo hogar… Nos cuenta Mario: “Además del incentivo por parte de mis maestros; yo un día estaba caminando por una calle, a orillitas de un canal y vi a un hombre pintando. Entonces yo me sorprendí, es como si me hubiera visto a mí mismo pintando; volví como loco a mi casa, me armé un caballete y luego de dos o tres horas volví a ese lugar a pintar y yo pensaba encontrarlo a ese hombre, pero no estaba… nunca supe quien era ese pintor, que fue para mí como una revelación…”
A mediados de la década del 80 comenzó a exponer en Buenos Aires y en 1995 varios factores: la economía del país, el cierre de la galería en la cual exponía y sobre todo una “desorientación” o crisis en su pintura, hicieron que por diez años Mario dejara de pintar y se dedicara sólo a la docencia. En el año 2004 retomó la pintura, con fuerzas renovadas…
Se presentó en salones oficiales y privados “arrasando” con los premios, entre los que se destacan el Primer Premio en el XCV Salón Nacional de Artes Plásticas (2006), el Primer Premio en el LI Salón Manuel Belgrano de Buenos Aires (2006) y el 1° premio en el XXXVI Salón Nacional de Arte Sacro, en Tandil, marzo de 2007.
Mario proviene de la “figuración”, de a poco fue modificando su lenguaje y comenzó a trabajar con otros elementos, produciendo texturas que generan luces y sombras. Como dijo el recordado gran pintor Alfredo Hlito, su obra tiene las características de la escultura pero la imagen de la pintura.
Hoy en su taller, cercano a su casa, trabaja todos los días. Realiza infinidad de bocetos, y luego de mucho madurarlos los vuelca en placas de chapadur en las cuales aplica con espátula y otras herramientas, una especie de pasta que prepara con óleo y tierras del norte prehispánico argentino. Sus obras reflejan ese mimetismo que existe entre las casitas rurales realizadas con ese adobe blanquecino de los cerros, apenas coloreados con alguna tonalidad apastelada. Ese despojamiento de su pintura la transforman en pintura de contemplación, en un remanso pausado y tranquilo para la gente que la contempla…
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