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Como dice tan acertadamente
José León Pagano en su Historia del Arte Argentino,
Curatella Manes ha tenido el destino poco envidiable de ser un
solitario en su ambiente, siempre más dispuesto a escuchar
las voces profundas de sus intuiciones que los consejos de sus
maestros. Bien se vio eso en la escuela y bien duramente se le
hizo sentir, pues se lo expulsó de la Academia de Bellas
Artes. Esta medida no constituyó para él una catástrofe.
Fue acogido como en su propia casa por maestros como Dresco y
Correa Morales, con los que aprendió el ABC del oficio
de escultor, colaborando a menudo en la ejecución de monumentos
que ornan la ciudad de Buenos Aires. Uno de los grandes escultores
de la época se divertía con este adolescente, siempre
pronto a la crítica. Un día, ese gran maestro, impacientándose
por tanta presunción, le dijo: "Pero enséñeme
una escultura que le satisfaga". Y el joven Curatella Manes
le mostró triunfalmente una máscara azteca. "Pero
Pablito, le replicó el gran maestro, eso no es una escultura,
es un fetiche". Entonces el joven Pablito comprendió
que debía buscar su camino solo y por otros rumbos. Toda
la historia de la ingeniosidad que desplegó para poder
irse a Europa valdría la pena de contarse: cómo
pudo ver al Presidente de la República (entonces Victorino
de la Plaza), entregarle una medalla que había modelado
y hecho fundir en oro... Fue así como obtuvo la primera
beca para un viaje a Europa, 1921, donde esperaba encontrar la
respuesta a sus intuiciones.
Este primer viaje hubiera podido ser un fracaso. Instalado en
Florencia, pronto se dio cuenta de que la enseñanza tradicional,
de la que pensaba haberse escapado, amenazaba con acapararle de
nuevo. Inmediatamente decidió visitar los museos de Europa.
Esta independencia no se permitía a los becarios, pero
prefirió correr el riesgo de perder todo antes de perderse
a sí mismo. Felizmente, un hombre inteligente, el pintor
De la Cárcova, que tenía a su cargo el control de
las actividades de los becarios, se mostró comprensivo
con el jóven escultor y defendió su causa. Cuando
Curatella Manes se instaló en París, no dirigió
sus pasos hacia la Escuela de Bellas Artes, sino hacia los talleres
libres: Maillol, Maurice Denis, Sérusier, Lhote y sobre
todo Bourdelle. Con este último maestro pudo desprenderse
de las tiranías del modelo, considerar la escultura como
una arquitectura, desligarse de los refinamientos del oficio,
en provecho de una búsqueda estructural del conjunto. En
1920 vuelve a París por tercera vez, ignorando en aquel
momento qué circunstancias imprevistas le obligarían
a quedarse en la capital francesa durante treinta años
consecutivos.
Visite la web de Pablo Curatella Manes
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No podía prever que iba
integrándose al medio artístico por las amistades que
anudó con artistas de primer plano; al medio francés
por su matrimonio, y al medio diplomático porque a pedido de
Bourdelle el Presidente Alvear lo nombró Canciller en la Embjada
Argentina en París, para permitirle continuar su obra escultórica
por la vía independiente que se había trazado.
La suerte le favorece, establece lazos de amistad con varios artistas,
particularmente con Juan Gris. Este último le aportará
una revelación decisiva al ejecutar frente a él un pequeño
personaje de cartón plegado y articulado, que contiene lo esencial
de la escultura. Con esta nueva comprensión de los planos y
de la luz compone El Guitarrista, EL Acordeonista, El hombre del Contrabajo,
Ninfa Acostada y algunos desnudos. Poco después una escultura,
Los Acróbatas, inspirada por un espectáculo de circo,
le abre nuevos horizontes sobre la posibilidad de aligerar la materia
Icaro, La Danza, Rugby, Santa Profeta, traen a la época una
comprensión nueva: la escultura no ocupa un espacio, recorta
el espacio, incorpora el espacio. Mucho después se dará
a tales obras el calificativo de espaciales.
Por esa razón numerosas obras que hubieran podido constituir
temas para desarrollar no pudo ejecutarlas por falta material de tiempo;
por lo tanto, la obra de Curatella Manes debe juzgarse teniendo presente
esa doble actividad. El primer período de adaptación
es bastante duro; durante cerca de dos años no concurre a su
taller. Cuando reanuda, realiza Las Tres Gracias que fue para él
una especie de test después de tanto tiempo sin trabajar. Es
la razón por la cual Las Tres Gracias se proyecta como una
obra aislada, sin nexo con las anteriores ni con las posteriores.
Después del período 1930-1940 sus obras se caracterizan
por la liberación completa de toda inspiración naturalista,
busca sólo relaciones de volúmenes, articulaciones de
planos y sobre todo estructuración. Un punto de historia falta
por dilucidar. En 1947, presintiendo que iba a ser llamado a Buenos
Aires definitivamente, quizo comunicar a su país su fe en el
futuro de sus artes plásticas, y deseando que en la capital
argentina se creara un Museo de Arte Moderno, hizo donación
de 31 originales de entre sus obras más importantes, esperando
que su gesto provocara otros entusiasmos y otras donaciones. Pero
luego se demostró que los tiempos no eran propicios; sólo
en 1955 se aceptó esta donación por decreto.
En 1962 una exposición de las esculturas de Curatella Manes
del período parisiense 1921-1946 se organizó en París
en la Galería Creuze, juntamente con las obras de treinta argentinos
de la nueva generación. Aquellos escultores que vinieron veinte
o treinta años después ya no marchaban a ciegas, las
horas difíciles habían pasado. Como ha dicho Le Corbusier,
cuando visitó esa exposición: "Ahora el camino
está abierto." |
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- 1999. ARTEBA,
Buenos Aires.
- 1998. Exposición
Antológica en Zurbarán, 14 obras
realizadas entre 1916 y 1930.
- 1987. Exposición en la Galería
Vermeer. (Buenos Aires)
- 1982. Exposición Homenaje
en el vigésimo aniversario de su desaparición en
el Museo Nacional de Bellas Artes.
- 1981. Exposición en la galería
Vermeer. (Buenos Aires)
- 1976. Exposición en la galería
Vermeer. (Buenos Aires)
- 1974. Exposición en la galería
Vermeer. (Buenos Aires)
- 1973. Bienal Internacional de San
Pablo, Brasil.
- 1972. Exposición en el Museo
Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodriguéz (Santa
Fe).
- 1963. Exposición Retrospectiva
en el Museo Nacional de Bellas Artes.
- 1962. Expone en la galería
Creuze, París: "Pablo Manes y treinta argentinos de
la nueva generación".
- 1957. Participa de la Bienal Internacional
de San Pablo, Brasil.
Ejecuta los altorelieves "El Drama" y "La Comedia"
en el teatro General San Martín (Buenos Aires).
- 1952. Participa de la Bienal Internacional
de Venecia, Italia.
- 1947. Participa junto a Arp, Calder,
Giacometti, Laurens, Picasso y otros escultores en una muestra
en la galería Denise-René, París.
Obtiene el Primer Premio en el Salón Nacional de Artes
Plásticas de Buenos Aires.
- 1946. Participa en el Salón
de los Independientes.
- 1949-1937. Realiza los relieves
del Pabellón Argentino en la Exposición Internacional
de París.
- 1929. Participa en la Primera Exposición
Internacional de la Escultura Moderna en la galería Bernheimen
en París.
- 1926. Obtiene una Medalla de Plata
en la Exposición de Artes Decorativas de París.
1925. Participa en una muestra colectiva en la galería
Vavín, París.
- 1912. Expone por primera vez en
el Salón Nacional Nacional Primavera, Buenos Aires.
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